Desde el trigal de Zamora al olivar de Jaén
Aún se escucha la eterna estrofa de agua del Duero
Versada por un poeta de Santander
¡Dejad que la naturaleza hable!
¡No selléis sus cauces, no ahoguéis sus dehesas!
En la laguna negra de Soria, en las riveras del Tinto y el Odiel,
algunos hombres de traje dan jaque mate por el desarrollo
¿Por qué no firman las tablas en Daimiel?
¡Dejad que la naturaleza hable!
¡No selléis sus cauces, no ahoguéis sus dehesas!
Y en la noche oscura desde el monte de Sejos
se sentarán tierra, agua, fuego y aire a hablar de nosotros,
se comunicarán con sus ancestros sabios de lejos
y nos dirán a través del viento: ¡También seréis víctimas vosotros!

(Eduardo G.C)
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